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Muchos padres se angustian al ver que sus hijos no se comportan como ellos quisieran, los ven desordenar todo, correr y gritar por toda la casa, no medir el peligro (como cuando se sueltan al medio de la calle y se lanzan a correr), no comerse toda la comida, pegarle a su hermana menor, llorar y hacer pataletas cada vez que escuchan un no, entre tantas otras situaciones frente a las cuales las órdenes de sus padres no siempre son acatadas ni respetadas.

 

 


He visto a niños pegarles a sus mamás fuertemente, no dirigirle la palabra a sus papás y no seguir más instrucciones que las que a ellos les gustan. “Se manda solo, no me hace caso, ya no sé que más hacer”, es frecuente escuchar de los padres. Algunos incluso con culpa reconocen haberles gritado muy fuerte, insultado y hasta llegado a los golpes como medida de control y sin saber de qué otro modo su hijo de 5 años puede comportarse…

 

Es por ello, que es importante tener algunas ideas de base para saber tratar este tema, al cual muchas familias con hijos pequeños se ven enfrentadas. A continuación les entregaré un listado a considerar sobre lo que no hay que hacer y lo que puede ayudarlos:

 

1. No maltratar
Golpear a un niño nunca será una medida válida para enseñarle algo, para que obedezca o se “porte bien”. Los golpes e incluso los insultos y descalificaciones caben dentro de maltrato infantil, el cual produce un daño muy significativo en el niño y en la relación padre/madre – hijo, además de ser un delito tipificado por la ley.

 

Además, el niño al recibir este maltrato siente dolor, frustración, enojo con sus padres e incluso miedo hacia ellos, lo cual puede dañar la relación. Si el otro padre se queda en una posición pasiva, el niño siente que no puede ser protegido en su familia, que nadie lo defiende y se siente más vulnerable aún frente a este abuso de poder.

 

Por otra parte, los niños aprenden de sus padres cómo es el mundo, qué debemos esperar de él y cómo debemos actuar frente a distintas situaciones. Somos su modelo. Si lo golpeamos y más aún le explicamos que lo estamos golpeando por su culpa pues él se portó mal, entonces cuado él sienta que otro niño o persona se porta mal, creerá que amerita ser golpeada, pudiendo repetir la conducta.

 

2. No amenazar ni poner en juego la relación 
Por muy mal que se comporte tu hijo, no debe condicionarse nunca la relación que tienes con él. En este sentido, nunca se le debe amenazar con que se le “abandonará”, “se le cambiará por otro hijo”, “se lo internará en algún lugar para no verlo más”, entre otras amenazas que he podido escuchar y que aunque el niño se muestre indiferente, le afectan bastante en su autoestima y pueden contribuir incluso a que se porte aún más mal para probar si sus papás son capaces de abandonarlo o lo quieren de verdad.

 

3. Manejar con firmeza y calma la situación
Es esencial que el niño dentro de todo vea a sus padres manejar la situación de forma firme y tranquila (dentro de lo posible), pues si por ejemplo, ve a su madre llorar desesperada, gritarle, llamar por teléfono al papá para que él lo rete (sin ella hacerse cargo) o incluso rogarle y suplicarle que por favor se comporte, no sentirá respeto ante ese adulto, pues verá que no sabe manejar la situación y él estará en ventaja para seguir haciendo lo que quiere. 

 

4. Consistencia entre los padres
Es importante que el niño aprenda a tener límites y puede ser castigado si no se comporta adecuadamente, para que sienta que existen consecuencias ante sus acciones, pero es esencial que esas consecuencias sean respetadas y mantenidas por ambos padres.

 

Si un padre pone un castigo y luego el otro se lo levanta, el niño sabrá a quien acudir para insistirle que no lo castiguen, no hay limites claros y es perjudicial para él. Lo mismo sucede cuando un mismo padre coloca el castigo y al rato lo levanta porque le da pena.

 

Si uno de los padres al llegar a casa ve que el otro le ha puesto un castigo a su hijo que considera muy duro, deben conversarlo en privado (nunca frente al niño) y decidir en conjunto si lo mantienen por menos tiempo quizás. Por este motivo, es fundamental que ambos padres puedan conversar sobre qué tipo de castigos pueden darle a su hijo, la duración y el respeto por mantener el castigo durante el tiempo determinado (aunque uno de los padres esté ausente) para que haya consistencia entre ambos y le entreguen limites claros y creíbles a su hijo.

 

Esto funciona igual para los adolescentes, si el papá le niega permiso para una fiesta, pues tiene malas notas por ejemplo, pero él insiste e insiste hasta que su mamá le dice que bueno y que hablará con el papá para convencerlo, el adolescente ve que ese es un camino para lograr lo que quiere. Aunque después en otra ocasión ambos padres concuerden en no querer darle permiso, el joven insistirá de todas las formas posibles para obtenerlo pues sabe que quizás por cansancio uno de los dos puede ceder y convencer al otro. Por esto es vital que si uno de los padres dice no, el otro lo respete, pero más vital aún es que antes de decir no, puedan hablar ambos padres sobre el tema y decidir un si o un no en conjunto para entregar el mensaje de forma consistente y sin cambiarlo en el camino.

 

La responsabilidad es conjunta, el “preguntale a tu mamá o papá”, pone a tu hijo en una situación compleja, además de entregarle el mensaje de que tu no puedes o no quieres hacerte cargo de las decisiones, evidenciando una diferencia de poder en la pareja. Las decisiones se toman en conjunto y si no fuese posible, las tomará uno de los padres a conciencia (considerando qué pensaría el otro padre al respecto y si estaría de acuerdo o no con el castigo) y el otro deberá respetarlas.

 

5. Ejemplos de Castigos
Algunos castigos que pueden ayudar a tu hijo a sentir las consecuencias de sus acciones, son quitarles un juguete o algún objeto / actividad que disfruten por un tiempo determinado (televisión, play station, etc.).  Lo ideal es no quitarles actividades que les aporten en su desarrollo (como las deportivas) y que el castigo tenga una duración determinada y razonable, no dejar salir con amigos a tu hijo por “un año”, es una sanción que afectará su desarrollo social, promueve el aislamiento, genera mucho resentimiento hacia los padres, entre otros efectos negativos. No dejarlo salir por un mes, puede resultar más aceptable para tu hijo y para ustedes como padres.

 

Si están en una actividad juntos, por ejemplo, en el zoológico y tu hijo empieza a hacer pataletas, se te escapa u otro comportamiento poco adecuado, puedes usar la técnica de “tiempo fuera”: tomarlo de la mano, llevarlo a la salida del zoológico o a un lugar donde no haya ninguna estimulación o atractivo y sentarte con él mientras le dices con claridad y tranquilidad, que se quedarán ahí todo el tiempo necesario hasta que se pueda calmar y acepte entrar bajo las condiciones de los padres (camine de la mano sin escaparse, por ejemplo).

 

El niño puede llorar, gritar, patear paredes o manifestar su enojo de muchas formas, pero el padre ya dijo la instrucción y debe quedarse tranquilo sin dar mucha atención a esas rabietas y recordarle al niño la regla. En algún momento el niño se cansará, se calmará y se le preguntará si está listo ahora para obedecer y así entrar de nuevo y disfrutar en familia. Si dice que no, entonces deberán tener paciencia y seguir ahí hasta que el niño acepte. Estas situaciones son cruciales pues es una lucha de poder, donde el niño se está resistiendo a estar bajo el mando de los padres, pero si eso es lo que ustedes quieren conseguir no pueden ceder porque se aburrieron ustedes y decir, “ya, entremos, pero en la casa te espera un castigo”, el niño habrá ganado la lucha y seguirá sin respetarlos. Si el niño después de un rato, expresa que quiere entrar al zoológico y que se portará bien, le darás un beso, lo felicitarán por su decisión y entrarán, pero si vuelve a comportarse mal, deberán salir nuevamente o quizás definitivamente.

 

Esta estrategia puede ser bastante útil para mostrarle a los niños que ustedes son los que toman las decisiones, ustedes tienen el control sobre ellos, quieren lo mejor para ellos y por eso les están enseñando a comportarse, además de entregarles un mensaje claro de qué es lo que ustedes esperan de ellos. Si bien el niño puede enojarse bastante con esto en inicio, es una manera muy eficiente de enseñarle a los niños a auto regularse, calmarse y adecuarse a las normas, un aprendizaje que les servirá para toda la vida. Además, si la utilizan más de una vez, los niños ya sabrán a qué atenerse y que depende de que ellos se calmen y acepten normas el que puedan conseguir lo que desean, pues con gritos y pataletas no lo están logrando, lo cual ayudará a que los tiempos de espera sean cada vez menos.

 

Si bien algunas personas usan la técnica del “tiempo fuera”, dejando fuera solo al niño, por ejemplo encerrarlo en su pieza y  que patee puertas o haga todo lo que quiera hasta que se calme y ahí recién abrirla y conversar o dejarlo salir, considero que esto no es adecuado pues dejamos solo al niño, lo rechazamos / abandonamos cuando tiene un mal comportamiento, que es algo que hay que evitar. El estar junto a él en el tiempo fuera es entregarle un mensaje distinto, estoy contigo, te acompaño, no te dejaré, pero quiero que aprendas a calmarte y respetar normas para que podamos disfrutar juntos.

 

6. No comparar
El niño que tiene un mal comportamiento tiene más posibilidades de recibir retos, rechazos, enojos y emociones negativas por parte de su entorno, lo cual puede ir afectando su autoestima y sus habilidades sociales. El compararlo con otros (hermanos, primos o compañeros que tengan mejor comportamiento), influye aún más en su identidad, la cual se irá configurando negativamente, sintiendo que no es capaz de portarse bien, que los otros siempre serán mejor que él, entre otras creencias que pueden funcionar como profesía autocumplida, pues el niño al creer que no es capaz, no se esfuerza y mantiene su mal comportamiento generando un círculo vicioso.

 

7. Reforzar lo positivo
Cada niño es distinto y especial por si mismo y aunque tenga un mal comportamiento, deben haber muchas cosas que si hace bien, las cuales generalmente no son tan vistas ni resaltadas por nuestra tendencia a enfocarnos en lo negativo.

Expresarle que nos gusta cuando nos conversa qué hizo en el colegio o felicitarlo cuando es capaz de quedarse sentado en la mesa hasta el final de la comida, son pequeños gestos que entregarán con claridad el mensaje de que él si puede portarse bien, que si valoramos aspectos de su personalidad, que lo queremos y que si él hiciera con más frecuencia ese tipo de cosas disfrutaríamos mucho más juntos, lo cual puede empezar a pasar si el niño toma conciencia de ésto.

 

8. Tabla de Recompensas
El mejor modo de que un niño se comporte bien es a través de un sistema de refuerzos positivos (recompensas, premios, felicitaciones), los cuales son mucho más efectivos que los castigos en modelar el comportamiento de un niño hacia la dirección que queremos. A continuación, les mostraré a través de un ejemplo, la técnica de la tabla de recompensas, la cual ha demostrado ser muy útil con niños pequeños.

 

Este es el caso de una niña de 8 años que al llegar a casa después del colegio iba directo a su pieza, se sacaba el uniforme y lo dejaba tirado en el suelo, tomaba todos los juguetes que tenía y empezaba a dejarlos por toda la casa (“llenando el espacio con su presencia”), si la mamá le preguntaba si le dieron tareas decía que no, que las hicieron todas en clases (mentía), al llegar la tarde se negaba a ordenar sus cosas, la mamá refería que se ponía “mañosa”, lloraba y tampoco aceptaba lavarse los dientes para ir a acostarse, solo accedía si su mamá se los lavaba, no quería ponerse pijama (ni vestirse en las mañanas) pues aludía que no sabía, que se lo ponía al revés, u otras excusas que buscaban que la mamá se lo pusiera. Por último, en las noches costaba mucho que saliera de la cama de los papás para irse después a su cama, si bien accedía luego de un rato, se despertaba en la noche para ir a meterse en medio de sus papás.

 

Si bien su comportamiento en parte era entendible pues había nacido recientemente una nueva hermanita y sentía temor a ser desplazada por ella, junto a los padres generamos una tabla que buscaba fomentar la autonomía de la niña. Esta tabla la construimos en presencia de la chiquitita para que ella estuviese conciente de cuáles eran las cosas que esperaban de ella.

 

Cada una de esas cosas se evaluaba a diario junto a la niña, colocando un sol, estrella o carita feliz si lo había logrado. Al final de la semana se realizaba un conteo de logros, se la feclicitaba y se subía la meta para la siguiente semana, diciéndole que si la cumplía podrá obtener una recompensa que será algo que fijarán antes de empezar la nueva semana. Lo ideal es que no sean cosas materiales, sino que las recompensas se traten de pasar tiempo juntos viendo una película, cocinar un pastel con la mamá, salir al parque o algo que la niña disfrutara mucho.

 

Esta actividad debe hacerse semana a semana. Cuando la niña logre hacer una actividad durante toda la semana, como lavarse los dientes sola por ejemplo, se mantiene por las 2 siguientes y si sigue lográndola, se saca de la tabla pues se considera un aprendizaje internalizado y se puede cambiar por otra actividad que aún le cueste lograr. Cuando la niña vaya logrando los objetivos y su comportamiento ya sea aceptable para los padres, se irán eliminando de la tabla una a una las actividades, hasta que la tabla ya no sea necesaria. La niña se acostumbrará a portarse bien y sin estar esperando el premio del final de la semana, sentirá que día a día su nuevo comportamiento es valorado y apreciado por sus padres, como sucedió en este caso que di como ejemplo.

 

No hay que asustarse si la niña en inicio se porta bien sólo para obtener el premio y cuando no lo logra se frustra, hay que acompañarla en el proceso y lentamente el premio dejará de ser lo más importante. Aquí abajo les muestro la tabla inicial que utilizamos con esta niña (hacerle clik encima para verla en grande).

 

* Es esencial considerar que si bien estas ideas pueden aportarles en la tarea de la crianza, algunos niños que se muestran rabiosos, rebeldes o hasta agresivos pueden estar mostrando síntomas de depresión infantil (que se manifiesta distinta a la de los adultos) u otras dificultades, por lo que se recomienda visitar a un psicólogo para que pueda realizar un diagnóstico adecuado y orientarlos en el tema. Asimismo, si bien estas ideas pueden resultar con gran parte de los niños, existen muchas otras formas para modelar la conducta de los niños, las cuales se pueden utilizar según las características especiales de éste y de su familia.

 

Mucha suerte con estas ideas y recuerden que los niños son niños, no son adultos pequeños y enseñarles con paciencia y amor es algo importante para su desarrollo.

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